Playback: ¡basta ya!
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Los nuevos tiempos implican cambios que afectan a todas las facetas de la vida. Y la música no podría ser menos. En una época en la que el producto final debe ser lo más completo posible, se valora la facilidad de un cantante para poder expresar sus sentimientos de una manera bifacética: por un lado, transmitir con la voz; por otro, transmitir con el cuerpo.
falta de versatilidad
Numerosos ejemplos pueden ser citados a lo largo de la historia, desde los saltos atléticos de MC Hammer, hasta los deslizamientos acariciando el suelo del rey del pop. Todos ellos tienen algo en común: crear una marca comercial más completa que una canción o un artista en sí mismo.
El éxito comercial depende de muchos factores y hoy en día en más fácil salir a la luz creando un espectáculo completo con coreografías que componiendo una canción con una guitarra. Aunque la tergiversación de los instrumentos necesarios para crear un enriquecimiento bidireccional, música-baile, conlleva a veces una interpretación poco acertada de las canciones, quedan ejemplos memorables en los que música y baile se funden en un mismo sentimiento.
Las actuaciones en directo han dejado de ser algo estático para llenarse de dinamismo y baile pero, sobre todo, de playback; mucho playback. Esto no conduce a otro sitio que a la falta de versatilidad; lo peor que le puede pasar a un artista. El espectador busca entretenerse, por lo tanto, el artista debe aportar una música en movimiento que sea capaz de hacer permanecer activos a cuantos más sentidos sean posibles.
Un claro ejemplo de fusión entre música y baile sería “They dont care about us” de Michael Jackson.


